Los principales guitarreros fueron Manuel Ramírez de Galarreta, el Gran Ramírez, (Madrid, 1864-1920) y sus discípulos Santos Hernández (Madrid, 1873-1943), que construyó varias guitarras para el maestro Sabicas, Domingo Esteso y Modesto Borreguero. Asimismo destacan los Hermanos Conde, Faustino (1913-1988), Mariano (1916-1989) y Julio (1918-1996), sobrinos de Domingo Esteso, cuyos hijos y herederos continúan la saga.
Los tocaores usan la técnica del alzapúa, el picado,[18] el rasgueo y el trémolo,[19] entre otras. El rasgueo puede ser realizado con 5, 4 o 3 dedos, este último inventado por Sabicas. El empleo del pulgar es también característico en el toque flamenco. Los guitarristas apoyan el pulgar en la tapa armónica de la guitarra y el dedo índice y medio sobre la cuerda superior a la que están tocando, logrando así una mayor potencia y sonoridad que el guitarrista clásico. También se apoya el dedo medio en el golpeador de la guitarra para conseguir más precisión y fuerza a la hora de púlsar la cuerda. Asimismo el uso del golpeador como elemento de percusión dota de gran fuerza a la interpretación guitarrística flamenca. Se denomina "falseta" a la frase melódica o floreo que se intercala entre las sucesiones de acordes destinadas a acompañar la copla.[20] Asimismo se habla de tocar o acompañar por arriba (usando la digitación del acorde mi mayor) y por medio (la mayor), con independencia de que se haya trasportado o no con la cejilla.
El acompañamiento y el toque solita de los guitarristas flamencos se basa tanto en el sistema armónico modal como en el tonal, aunque lo más frecuente es una combinación de ambos. Algunos cantes flamencos se interpretan "a palo seco" (a capella), sin acompañamiento de guitarra.
Según el tipo de interpretación se habla de:
- Toque airoso: vivaz, rítmico y sonoridad brillante, casi metálica.
- Toque gitano o flamenco: hondo y con pellizco, usa preferentemente los bordones y los contratiempos.
- Toque pastueño: lento y tranquilo.
- Toque sobrio: sin ornamentos ni alardes superfluos.
- Toque virtuoso: con dominio excepcional de la técnica, corre el riesgo de caer en un efectismo desmesurado.
- Toque corto: pobre en recursos técnicos y expresivos.
- Toque frío: carente de hondura y pellizco.
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